Las Vistas

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Las Vistas

Autor:Germán Coimbra Sanz.

 

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Aunque no crea soy flecha
pa despacharme una palta…
y tampoco nunca falta
un tiesto para una mecha.

Pillé una flor nada mala
en el tambo Muchirí
y usando el modo de allí
le estuve arrastrando el ala.

Alisté mis pacumutos
pa zamparme ese manjar
y en cuanto tuve lugar
le largué todos los chutos.

No jue más. Cayó en el pozo
y al rato estuvo amansada,
que no hay corcovo ni hay nada
cuando uno es tigre y güen mozo.

La convidé a ver las vistas
que tienen los Echazuses,
que dizque a punta de luces
jacen ver a los artistas.

Me dijo que no salía
a ninguna parte sola
y que perdone la cola
que con nosotros iría.

Al final jui yo y la negra,
las dos hermanas mayores,
lo mesmo las tres menores
y atrás el suegro y la suegra,
las hijas de vecina,
el cuñau y la cuñada,
una vieja enmantonada
y una cunumi barsina.

Con todo mi regimiento
jice cola pa la entrada
siguiendo de disparada
pa poder pillar asiento.

Topamos con un balcón
y las dos filas llenamos
y apeninga nos sentamos
se prencipío la junción.

Por el cuadrado de trapos
vide brincar los letreros
y anunciando un aguacero
una tonada de sapos.

Yo no puedo suponer
si esta es cosa de la trampa
pues siguieron las estampas
de un gringo con su mujer.

Era choca y bien plantada,
le digo que era un antojo,
la mire de cotiojo
descuidando a mi pelada.

Mas alvertí que ella estaba
comiéndoselo al gringazo…
le pegué pa su codazo
pa que no tumbe la baba.

“Respetos guardan respetos”,
le dije bien despacito,
“y acordate pajarito
que yo pague los boletos,
y si seguís en tu afán…
mi cinturón no es de adorno…
que yo no caliento el jorno
pa que otros coman el pan”.

En ese preciso instante
un ventero impertinente
se me plantó frente a frente
con su cajón por delante.

Como hambrientos marigüises
las manos, de un santiamén
limpiaron el almacén
y yo… pagué las perdices.

Y pa completar el bloqui,
agüelas y muchachuelas
daban trabajo a sus muelas,
tororoqui, tororoqui…

Mientras duraba la minga,
cuasi me quedo pasmao
porque el gringo condenao
le daba un pico a la gringa.

Otro beso como aquel,
torcido como un tornillo
si haiga sío un amarillo
me reventaba la jiel.

Pero si usté me pregunta
el tema de la junción
no doy cuenta ni razón
aunque pase por butunta.

Cuando encendieron las luces
de lo visto no había nada,
ni una figura pintada…
¡ahí sí me jeché cruces!.

Y no es motivo de risa,
porque yo siempre he creído
que es alguien que está escondío
y al que mira lo hinnotiza.

Y todo lo que parece
de verdá, sólo es de pliqui,
nos jace tiqui-miniqui
y después desaparece.

Si quieren tomar el pelo
estos puebleros ladinos
sepan que los campesinos
no tragamos el anzuelo.

Cuando a la chica llevé
y a todos sus colgandijos,
al despedirse me dijo:
“Mañana a la matiné”.

¿Al cine? ¡Antes me muero!
Si me gasté en la junción
el flete del carretón
y el jornal del carretero…

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